Patrimonio Cultural y Turismo, dos productos inseparables

Hasta hace bien pocos años, ambos elementos parecían divergentes. El turismo generaba sus propias guías, formas y estructuras y el patrimonio cultural quedaba ligado a las instituciones en el mejor de los casos.

Sin embargo, el crecimiento del turismo y la vertiginosa diversificación de los productos turísticos, ha hecho que el valor de la cultura tome protagonismo. Tanto público visitante, el turista, como los propios ciudadanos han tomado conciencia del valor de los bienes de patrimonio cultural. Ello nos lleva a una sensibilidad mayor por la conservación y mejora de estos bienes, pero también una forma de generar nuevo producto turístico más allá del clásico sol y playa.

“Sol y playa” Versus ”Turismo cultural” aparecen como productos dirigidos a segmentos diferentes del mercado turístico. Sin embargo, las nuevas tendencias observadas en la demanda turística (Periodos más cortos vacacionales, estacionalidad en la ocupación durante meses menos tradicionales, nivel cultural, inquietudes y preferencias de turistas, etc.) nos muestran que existe un alto grado de complementariedad entre ambos productos que, adecuadamente gestionadas están reportando beneficios para ambos tipos de destino

Sin embargo, no resulta sencillo compatibilizar los valores y fines de dos sectores tan diferentes como el sector turístico y el sector del patrimonio cultural.

Por un lado, la eterna disquisición de los costes de mantenimiento y conservación que asumía directamente la sociedad, se integra en la responsabilidad del sector privado, al ir utilizando el patrimonio cultural como atractivo turístico y se observa ahora como una línea de captación de fondos. Pero también los gestores del Patrimonio Cultural deben entender y aceptar que el entretenimiento y el ocio son valores que pueden enriquecer su tarea y mejorar la consideración social de la cultura y el patrimonio, es aquí donde pueden profesionalizar estas áreas mediante la formación en cursos específicos para la dinamización turística del patrimonio cultural.

Y en este proceso nos encontramos, una sociedad con una orientación turística evidente pero también más consciente del valor de su patrimonio cultural, que, gracias a su atractivo turístico, entiende y defiende la aplicación de fondos para su conservación, pero también es consciente del valor intrínseco que tiene la cultura y su patrimonio para la sociedad. ¿Condenados a entenderse? Sin duda.

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